Siendo pequeña incursionó en el canto, formando parte de numerosos eventos corales, desde los ocho años comienza a estudiar piano, carrera donde le valen varios premios y largos e intensos años de aprendizaje de todo lo concerniente a la música.
Una década después el piano queda en el pasado y se dedica ya completamente al dibujo y la pintura, alumna del artista plástico y profesor Denis Nuñez Rodríguez, quien le inculcó los primeros procedimientos y el rigor técnico de la academia. Sheyla comienza a crear sus primeras obras, pero no olvida el profundo legado que los conocimientos musicales le dejaron y que le han marcado y educado para el resto de su vida.
Amante de toda la cultura de los siglos XVII y XVIII considera el estilo de estas épocas la fuente más virtuosa, genial, inagotable y apropiada a su temperamento creacional, si bien su vida personal, casi secreta, es el motivo y necesidad principal de inspiración; se nutre además de una gran variedad de obras musicales a la hora de elaborar cada uno de sus dibujos y pinturas al óleo, es la banda sonora durante el proceso creativo de cada una de sus piezas y se hace acompañar por compositores que van de Monteverdi a Mozart, abarcando a todos los exponentes musicales de esos siglos; franceses, italianos, alemanes e ingleses, ¿su favorito? Johann Sebastián Bach.
A Sheyla también le gusta cultivar las llamadas artes menores o aplicadas, confecciona muchas de sus prendas de vestir y adornos con diseños de gran profusión, las modas de turno generalmente le son indiferentes.
Sheyla es mujer muy dulce, sensible en extremo y apasionada, pero de carácter fuerte, detesta la vulgaridad y no se entrega fácilmente al exceso de confianza.
Debido a la voluntad de no ser explícita en sus obras, estas han sido siempre motivo de versátiles interpretaciones, algunas son el producto de amargas experiencias, aunque simulen lo inverso, precisamente estampar y a la vez ocultar, adornando el dolor; o adornar, ocultando el dolor, se ha hecho ya un ejercicio instintivo en su que hacer, debido a la necesidad constante y su propia naturaleza de transformar todas las desdichas en gracia y encanto.
M.S.Rivero.
Una falda muy grande, óleo sobre lienzo, 80 x 100 cm
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Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo, 50 x 70 cm
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Naufragando sobre mis sábanas, dibujo, 29 x 21 cm
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Enajenación, óleo sobre lienzo, 50 x 43cm
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Sin título, óleo sobre lienzo, 65 x 90 cm
Etiquetas: artistas contemporáneos, desnudos, pinturas cubanas
Vuelo inevitable, óleo sobre lienzo, 73 x 99 cm
Etiquetas: artistas contemporáneos, pinturas cubanas

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